La rabia va ganando esos espacios que deja el patetismo cuando lo voy eliminando, cosa que suele suceder constantemente cuando lo descubro. El gran pero es que de repente hay patetismos que me gusta mantener y alimentar como si fuera un quinceañero borracho que anda por la vida enamorándose y/o vomitando.
Pero hoy día camino, con una musiquilla odiosa, que acompaña a mi estado de ánimo. Me gusta pasear por Santiago centro escuchando el Frankenchrist de los Dead Kennedys, que básicamente viene a complementar una especie de incredulidad inconclusa.
Todo se tiene ver más pequeño, todos quieren ser gigantes, el problema es que moriremos aplastados por las megaconstrucciones que aparecen para bloquearnos la vista (algún día podría comentarles el caso del mall en San Antonio)

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