30/7/11

Noche de viernes

No soy parte de las cosas que escribo porque no me interesa serlo. Al menos eso es lo que ando pregonando a los cuatro vientos aunque en el fondo no lo crea tan así. El caso es que esta vez tendré que serlo luego de salvar el pellejo por una más de las absurdas correrías por las calles de Santiago (estoy a punto de contar esta historia como si fuese un futbolista profesional enfrentado a los micrófonos y largarme a hablar en tercera persona, pero lo dejaré para otra ocasión).

Iba yo feliz de la vida con un poco de dinero en el bolsillo y un ron en la mochila, camino a una tertulia a la que había sido invitado cuando conocí el engaño del internet, la dirección que buscaba no estaba donde me bajé, por lo que tuve que caminar en busca del edificio perdido. La cosa fue que me bajé en las calles Tocornal con la esquina de Coquimbo y de ahí decidí emprender la marcha hacia Santa Isabel, cuando en una de esas calles escucho una dulce voz femenina que inquiere: "¿Qué quiere que le haga, mijito?" y cual mesera de restaurante se extiende en una larga lista de precios mientras contorneaba su cuerpo. Mi respuesta fue negativa: "muchas gracias, pero no quiero nada, doncella mancillada por semejante trabajo socioimpuesto". Ante lo cual, inquirió - cambiando la voz, ahora con una menos sensual y más furiosa: "Entonces pasa un cigarro". Cuando se lo negué aduciendo que no tenía me preguntó si quería que me los quitaran a la fuerza.

Y ahí estaba yo corriendo por la calle Tocornal hacia el norte, seguido por cinco chicas seguidas por el sonido de sus tacones en la acera, corriendo por la negativa de un cigarro, hasta que en la esquina de 10 de Julio, pude alcanzar a toda carrera un taxi y pedirle que me deje en el lugar al que iba. Desconozco que hubiese sido de mi en el caso que aquel taxi no hubiese estado, pero lo peor fue que sólo di un viaje muy corto con él, porque no faltaba mucho, pero tuvo que darse una vuelta extraña para llegar. Aun así, heme aquí. ¿La tertulia? Bastante buena, pero no quiero dejar en segundo plano ninguna historia.

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