13/6/11

Estrés

Me responden con un silencio de tumbas. Muertos que recuperan los espacios en los que me desarrollo - o intento hacerlo - sin que lleguen a convertirse en zombies. No, están ahí, sólo son o intentan serlo también.

Y resulta que en la medida en que nos colocamos frente a un aparato de la clase que sea, de las dimensiones que sea y, del aspecto que sea, nos olvidamos de la madre que nos trajo al mundo y colocamos todas nuestras esperanzas en el jarrón de la lechera que sueña con hacer crecer su capitalista negocio.

Me niego a ser algo más que eso.
Me abstengo de las votaciones y sólo espero que un día aparezcas y me digas de qué manera podemos ocultarnos, ocultarte entre las palabras innombrables de un tipo como yo que se ríe en la fila (!). Y es que la fila es el mejor lugar para reír, porque si no dónde más. Lo que sucede, mi estimado contertulio es que no podemos asumir la falta de humor y de risa, no podemos quitarnos de encima el dolor de cabeza ni la imagen arcaica de que la risa abunda en boca de tontos.

Pero, me pregunto yo, si la risa abunda en boca de tontos y de quienes en la fila se ríen demostrando algo más, ¿cuál es la necesidad de San Miguel de enviarlos al cuartel? ¿Es el cuartel un reformatorio para la gente que ríe? Qué miedo.

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