17/3/11

Hablar por hablar (confesionario)

Poder hablar y decir tonterías carentes de sentido es el anhelo más íntimo de los momentos presentes. Pensar, sólo pensar que aquellos que por un momento podían verse eternos terminaron siendo un cúmulo más de situaciones y hechos que acabaron tan pronto como llegaron. Por eso hablar - o escribir -, quizá como una medida de erradicar viejos fantasmas con ropajes nuevos, los mismos que antaño se nos volvían tan posibles, tan ciertos, pero que hoy se transforman en un viejo fantasma de Canterville al que no le queda tinta color sangre y mancha las alfombras con témpera verde.

No entiendo en realidad el sentido de nada y tampoco es que quiera darle alguno. ¿Si estoy feliz? Respondería sinceramente que sí, porque estoy viendo como se desenvuelven un millar de situaciones que me hacen tener una confianza mayor en un "está por llegar". Trabajo, salud y conciencia para cimentar una vida digna, aunque quizás la compañía o la pertenencia que a momentos se hace tan inexplicablemente necesaria. Sé que ahí están los precisos, los que me acompañan a pesar de los pesares y que puedo confiar se encontrarán al lado cuando los necesite, creo que no hace falta mencionarlos. Pero está el desfile de personas, de situaciones, de disconformidades y de cobardías que van armando un esquema bastante difícil de olvidar-

En fin, siento que esto es un paso, una especie de exorcismo necesario para seguir adelante. No olvidar, creo que esa es la consigna, aunque ello signifique que no se olvidará a los que prometieron una y mil veces estar acá, a los que discursearon con lo indisoluble y hoy pasean como gente que alguna vez tuve la posibilidad de conocer. En realidad, creo explicarlo diciendo que son momentos, necesarios, nefastos, momentos.

1 comentario:

Corazonada dijo...

Me parece que tu texto me influyó esta noche sin siquiera haberlo leído.
¿Olvidar o no olvidar? qué es mejor?