15/4/12

Yo

No soy, no puedo ser si estoy siendo constantemente, aunque siempre tengo la intención de decir, comentar cualquier cosa... pero siempre quedo con la palabra trunca, como si no sirviera o no importase nada de aquello que tenía para decir. La palabra en la boca como la baba que surge cuando duermo en el peor lugar para hacerlo, como zombie que anda y camina en busca de palabras porque los cerebros quedaron pequeños y elmanjardelosdioses es el decir acomodado. No tengo ninguna prisa por llegar pero cuando me encamino lo cumplo y lo termino, aunque jamás tenga ningún lugar al cual llegar. Los destinos me parecen una horrible manía de seguridad identitaria que se debe abolir, la construcción es el camino necesario para cualquier modo de vida, mal que mal las palabras de Antonio Machado retumban en los oídos de mi mundo y de mi existencia con esa lógica tenebrosa que tiene la verdad y la razón: "Caminante, son tus huellas / el camino, y nada más; / caminante, no hay camino, se hace camino al andar, / al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar." Los recuerdos me atormentan en la medida que pude haber dicho o hecho algo, en la medida en que la palabra (siempre el decir) no fue el preciso o la acción se vio estupidizada por el entorno que no fui capaz de eliminar. No soy de aquellos a los que les guste verse evangelizados, aunque si me animo a casi todo. No me imponga, no viene bien, pero si quiere vivir en paz, hago mía aquella máxima tan llena de sabiduría como viejo varado en un bar de pueblo: "que cada cual haga de su culo un pito y busque quien se lo sople". No me imponga porque yo no le impondré nada. Tomo y fumo, pero el vicio más grande que tengo es tratar de pensar... no sé si lo logre, porque usted sabe que de nada podemos estar seguros, pero tengo mi vida a medio hacer y siento a la muerte y la impotencia respirándome en la oreja. Puedo ser joven, pero la vida son los ríos y todas esas mierdas poéticas que nos dicen que se nos pasa rapidísimo el vivir. Además con los veintitantos a cuestas, debería estar en edad de cualquier cosa menos de ser yo mismo. Creo que odio al mundo en el cual estoy inmerso y nada tiene la capacidad de sacarme a flote, aun así estoy, hipócritamente, con una sonrisa que podría llegar a ser sincera. Parado frente a una clase a la cual tengo que convencer de que soy ese adulto responsable que ellos esperan que yo sea. No soy, no puedo ser, no puedo definirme más que por aspectos temporales propios de una tormenta de arena en las calles de la selva. Inexistentes, ridículo, eternamente ridículo... No soy, estoy siendo...

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