Bostezamos a cada paso que damos, es cierto porque no encontramos otra forma de solucionar una vida de la que somos parte. Entonces, si usted bosteza de la misma forma y es parte también de este sistema de cosas, quizás podría acompañarme en uno de esos viajes múltiples y desdoblados a ningún lugar, con la esperanza de poder encontrar algo que nos sirva.
Partamos en un viaje por las calles de Santiago de Chile, no le recomiendo hacerlo por el aire, porque se encontrará sin duda con esa nube negra que si no lo mata ella, lo harán las señales televisivas con un aire de radiación ultra necesario para nuestro organismo. Así que le propongo llegar a la Alameda, y caminar a Ahumada. Lo reto a ser capaz de poder pasar ese cerro, con una feria artesanal enfrente, sin ser capaz de mirar a ambos costados por si acaso, aparece uno de esos jóvenes hippies postmodernos que lucen sus bolsos de cuero de mínimo 20 mil pesos.
Pero no importa, a la altura de la Iglesia de San Francisco, usted podrá apreciar cómo nos hemos transformado, de ser capaces de venerar un Dios, ahora cruzamos y entramos al Almacenes París en donde adoramos al plastiquito de nuestras tarjetas... Pero no se preocupe, así podrá mantenerse alejado de Londres 38, para que no se le vengan malos recuerdos a la cabeza y, tranquilamente, pueda dormir un poco en su casa. Así las cosas, si sigue caminando, podrá apreciar el ruido, ese elemento que constituye la esencia de esta ciudad, como si todo lo que nos rodea, no fuese más que esa especie de cortina de humo ruidoso.
Por fin, usted habrá llegado al paseo Ahumada, cruce con cuidado porque lo pueden atropellar, recuerde que no se fumó su cuete para pasar por arriba las micros y los autos, así que cuando esté en frente, no se preocupe del Mc Donalds, que lo más probable es que se encuentre rayado, ni tampoco del predicador evangélico que le va a hacer la vida imposible, porque San Pablo dijo que las mujeres debían usar velo y la Iglesia Católica ya no lo permite y esas cosas. Más que eso, no es necesario escuchar, a menos que usted quiera hacerse un talibán del cristianismo y no acepte los pecados de nadie mas, sólo los suyos lo harán ingresar al cielo. Pero no nos detengamos, caminemos, caminemos y pasemos rápidamente las casa de cambio donde nos estarán persiguiendo para ofrecernos sus dólares por nuestros pesos a la mejor suma, si quiere cambiarlos hágalo en las casas establecidas, porque o si no, se va a ir a pérdida.
Por fin, usted acaba de pasar los juegos Diana, busque a su hijo ahí, lo más probable es que esté haciendo la cimarra. Si no le importa, como a casi todo el mundo, siga caminando hasta encontrar el tontódromo... eeehhhmmmm... perdón, la Plaza de Armas, admírese usted de todos los contenidos vacíos de historia, al menos para los que allí viven o trabajan, y recuerde, todo recuérdelo, la Municipalidad, el Correo, la Catedral, entre otros puestos, como el Portal donde irá a comerse un completo. Recuerde en esa Catedral dónde un loco mató a un fanático cristiano y todos le hicieron la guerra a un grupo musical, ¿usted también? oh, perdón no fue mi intención decir esas cosas.
Pero bueno, mejor dejamos hasta acá no más este sano recorrido por las calles del centro de Santiago, cualquier cosa que se le pueda ofrecer tenga a bien el escribirme.

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